Descubriendo la calle más corta de Valladolid: la Calle Boteros
Si paseas por el centro histórico de Valladolid y crees que ya lo has visto todo, te equivocas. Entre la Plaza Mayor y la Plaza de Fuente Dorada, se esconde uno de los rincones más curiosos y desconocidos de la ciudad: la Calle Boteros.
Recórrela en solo diez pasos, porque eso es exactamente lo que mide, apenas 10 metros de longitud. Es, oficialmente, la calle más corta de Valladolid y una de las más cortas de toda Castilla y León.
Un poco de historia: de corral medieval al siglo XXI
La Calle Boteros nació en el siglo XVI, justo después del devastador incendio que arrasó Valladolid en 1561. Con la reconstrucción de la ciudad y la creación de la actual Plaza Mayor, surgieron varios “corrales de oficios”: patios cerrados donde se concentraban los talleres de los gremios artesanos.
En este caso concreto, el antiguo Corral de Boteros acogía a los artesanos que fabricaban botas de vino, de ahí su nombre. Eran maestros del cuero que trabajaban casi al aire libre en este pequeño espacio.


Hasta 1863 se conoció popularmente como “Corral de Boteros”. Ese año, el Ayuntamiento decidió convertir muchos de estos corrales en calles oficiales, y este diminuto rincón pasó a llamarse oficialmente Calle Boteros.
Durante décadas, especialmente en los años 50 y 60 del siglo XX, el corralillo seguía vivo: había un pequeño quiosco y una taberna.
Qué ver actualmente en la Calle Boteros
Al cruzar la puerta que da acceso desde los soportales de Ferrari, te encuentras con un estrecho callejón empedrado que conserva los ladrillos originales del siglo XVI. Al fondo, termina. No tiene salida. Su encanto reside precisamente en su pequeño tamaño. Es como viajar en el tiempo al Valladolid medieval.


Merece la pena una visita a este curioso lugar escondido tras una puerta bajo los soportales de la calle Ferrari. Os animo a qué adivineis tras qué puerta está.
Fotos: Laura Izquierdo